Cuando inicie a dar clases fue todo un reto (interiormente) a pesar de que se supone ya había llevado un curso pedagógico, pero bien como menciona en la lectura; aprendí por prueba y error.
Para mí el estar ante un grupo representa una gran responsabilidad por lo que tengo que estar pendiente de lo que hago y digo. Lo cual me invita a estar en constante desarrollo en la búsqueda de estrategias que me permitan interactuar de una manera optima con mis alumnos.
Sé que la sociedad nos ha pasado la estafeta para su formación, que la etapa en la cual los recibimos es crucial para su desarrollo como adulto; estamos inmersos en la etapa de cambio total (mental, físico y psicológico); muchas veces me siento comprometida por encontrar soluciones a su problemas sin embargo estoy también consciente de que solo me toca el papel de guía no de padre.
Cada día en el aula descubro nuevos habilidades en ellos por lo que trato de sacar el mejor beneficio, me frustra por tanto cuando veo su desasosiego en sus rostros y busco motivarlos.
Las grandes satisfacciones que me dejan son; el aprendizaje, la energía pero sobre todo el agradecimiento cuando los veo en la calle saludándome con agrado.
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